Cuando era niño el país estaba en crisis, no había dinero y
la gente sobrevivía día a día. No había dinero para muchas cosas indispensables
y por supuesto no había dinero para juguetes.
Para colmo de males vivía en un lugar alejado de la civilización
donde mi hermana y yo éramos literalmente los únicos niños del pueblo, recuerdo
que una vez llego un señor con juguetes, unos carros muy bonitos a control
remoto, mi madre no dejo pasar esa oportunidad para complacernos, el pobre
hombre hizo una demostración de todos y cada uno de sus carros y yo no sé
porque termine escogiendo un hombre araña de plástico estático y una pistola.
Mi infancia no estaba plagada de muchos juguetes pero los
pocos que he tenido los recuerdo muy bien pero hay uno que motiva esta entrada,
un regalo que nos hizo mi madre, un microscopio de juguete.
Quizás tu que lees esto encuentres aburridísimo este juguete,
sin duda jugar en la calle en interactuar con los demás niños es muchísimo más
divertido, pero no había de eso en Arcata, no había niños y en la calle había un
frio de mier… que te obligaba a estar en casa.
Pero a través del lente del microscopio mi visión de la vida
cambio un poco y aunque parezca mentira mi visión se amplió. Hubo un tiempo que
observaba todo en el microscopio, sacaba agua de la laguna y observaba
maravillado esos monstruos microscópicos que ahí habitaban, las hormigas se veían
terroríficas, con fauces horribles y patas llenas de pelos, las hojas y sus
carreteras que transportaban savia, la belleza de los cristales de azúcar y de
la sal.
Era un mundo nuevo para mí, este juego me ayudo muchísimos
años después, durante el primer año de facultad cuando los demás aprendían a
manipular un microscopio yo ya sabía para que servía todo, como hacer tinciones,
preparar laminas y todo lo demás, es lo bueno de aprender jugando.
Muchos años después recibí una invitación del blogger
Maxwell, no recuerdo el nombre del evento, pero fue la primera vez en mi vida
que use un telescopio y vi la luna, pero no como la vemos todos los días, tan
lejana, tan blanca. Esta vez la vi tan cerca que parecía que podía tocarla.


























