Muchas cosas cruzaron mi cabeza mientras me alistaba para verle, pero la realidad fue muy distinta, al verle me di cuenta de algo.
Sus ojos no brillaban como antes ni me moría por perderme en esos inmensos ojos negros, sus manos antes se me antojaban gorditas, pequeñas y suaves. Ahora las sentí asperas; su peinado era distinto y ya no me gustaba como le caía el pelo, que por cierto me parecía negro azabache, ahora se me antojaba sucio y opaco.
El amor enaltece nuestras cualidades y atenúa los defectos, en el estado de transito en el que me encuentro no se que pensaría de mi o como me habría visto.
Solo se que por ahora el amor tiene para mi otro rostro.
