sábado, 17 de octubre de 2026

La Muerte y yo

Queda poco tiempo, ¿no?

Hoy vi un lunar en mi mano que no estaba el día anterior, me recuerda ahora a las manos de mi abuelo, nudosas y lunarejas. Hace tiempo conté que desde el día que nacimos lo único que hacemos es morir un día a la vez, la muerte es lo único certero de la vida.

A la muerte ya la he visto antes. Al comienzo no lo notaba,  es que la vida es tan efímera, la muerte esta alrededor nuestro y no lo notamos, pero si recuerdo la primera vez que me arrebato a alguien que quiero, llegábamos de viaje a la casa de los Abuelos, yo era un niño y no leí la situación correctamente, las puertas de la casa estaban abiertas de par en par, habían gente que no conocía en ella, los muebles de la sala no estaban, en su lugar habían muchas sillas, las caras de mis tíos y tías estaban diferentes, la tristeza estaba en sus caritas tan jóvenes, aun recuerdo la carita de mi tía flor y la tristeza de sus ojos.

Al lado de la puerta había arreglos florales, unos altos y muy verdes y otras flores con un olor empalagoso que me mareaba, yo tendría 6 creo y cuando entre a la casa en el medio había una caja y en sus esquinas unas lámparas y más flores, yo sujetaba la mano de mi papá, mi abuela apareció y me cargo, me abrazo tan fuerte que aun lo siento en mí.



¿Qué paso? le pregunte a mi abuela, ella llorando me dijo No vayas para allá mientras señalaba hacia la caja grande rodeada por lámparas. Solo asentí, pero ya saben como son los niños, al cabo de un rato olvidé mi promesa.

Para tener 6 años era alto, o al menos eso me decían todos mis tíos, me acerque a la caja y no veía bien, así que me empine un poco y lo que vi me acompaña hasta ahora. En esa caja estaba mi Abuelo, pero estaba mas delgado y pálido, muy pálido, lo reconocí, pero era diferente al Andrés que me cargaba y me hacia volar por los aires, ese que hacia ruidos al sorber la sopa porque sabia que ese sonido me daba risa, su piel tenia una textura que luego encontraría en mis clases de anatomía con otros cadáveres ajenos, algodones en sus fosas nasales, parecía dormido, pero repito no se parecía a mi Abuelo, mucho había cambiado en el y eso me asusto.



Ese fue el que considero fue mi primer encuentro con la muerte, el segundo lo recuerdo bien, subía las escaleras de una pequeña ladera y desde esa cima podía ver el patio del Hospital donde trabajaba mi mama, en el centro del patio había una camilla metálica y en esa camilla un hombre desnudo y en su cuerpo vi una Y que recorría su pecho hasta el abdomen. El Bus escolar apareció de improviso y subí tan rápido como pude, lo bueno de los niños es que se distraen rápidamente y olvidan, termino el día escolar y regrese al hospital a ver a mi mama, ella es obstetra y estaba ocupada en ese momento así que me fui al patio a jugar, y de golpe recordé lo que vi en la mañana, la cama metálica estaba en una esquina del patio, me acerque con curiosidad y alcance a ver un pedazo de carne en una de las esquinas y en unas latas de aceite estaba todo el contenido del hombre que vi en la mañana, vi cosas de varios colores, rosadas, moradas, verdes, blanquecinas y rojas, retrocedí asustado. Eh chiquillo sal de ahí, me grito el de limpieza, esas cosas no debes ver me dijo con un acento andino bien marcado.



Como todo limeño he sido testigo de muchos accidentes, recuerdo uno en particular, había ido a la casa de mi amigo Carlos para ir juntos a la universidad. Tuvimos que tomar una línea que usualmente no usábamos, no la usábamos porque recorría medio Lima antes de llegar a nuestro destino, con mucha suerte tuvimos los últimos asientos de la derecha del bus. El bus iba lento muy lento, así que saque mi libro para ir leyendo mientras Carlos revisaba que no le falte nada. Un joven que tendría 2 o 3 años menos que nosotros iba manejando bicicleta en la pista, venia de comprar, tenia una bolsa llena de panes en la parte de adelante, calculo que seria mas o menos 730am cuando luego de unos segundos escuche un sonido fuerte, como cuando dos masas fuertes se golpean, el carro siguió avanzando unos metros y en la vereda vi unos panes regados en el piso, y unos metros más allá el jovenzuelo acostado en la calle y en lugar de cabeza había un amasijo rosado sanguinolento, tuve una mezcla de pena y asco, pensé en la mama de aquel joven, que seguro salió a comprar el pan para el desayuno y ya no regreso nunca jamás.



Cuando estaba en el internado, en el hospital militar, estuve un mes en el pabellón de los soldados, en ese hospital pude ver claramente las diferentes clases sociales mezclados en un solo edificio, el pabellón de soldados no tenia paredes, una cama al lado de la otra. No recuerdo el nombre del paciente, así que le pondré José, José había nacido en la selva, se enfrentó a los ecuatorianos en una trifulca con Ecuador, mientras su batallón hacia huir a los ecuatorianos hacia atrás de su frontera tuvo la mala suerte de pisar una mina que le voló una pierna y un brazo y las esquirlas de la bomba se incrustaron en su abdomen y pecho. A pesar de todo eso, el mantenía su alegría y jovial sonrisa, no perdía la oportunidad para piropear a todas las enfermeras e internas, todas lo adoraban José era un hombre guapo y él lo sabía. Pero las esquirlas en su pecho le provocaban a veces problemas respiratorios, un buen día mientras estábamos pasando visita medica (en manada cada profesional de salud con sus respectivos internos) José estaba radiante ese día, estaba molestando a uno de sus compañeros ya habíamos pasado por su habitación cuando nos dirigíamos a la otra y su compañero de habitación salió corriendo desesperado, José tuvo una nueva convulsión, el Residente me dijo que lo ayudara, empecé a presionar el pecho de José y luego el residente me aparto y continuo con el masaje, fui ahí cuando note los Ojos de José, de pronto se apagaron, el brillo que todos tenemos en la mirada ya no estaba y sus labios se pusieron oscuros, El residente empezó a gritar lisurotas que nunca había escuchado, José ya no estaba más.

 


Uno de mis primeros trabajos aquí fue como CNA, ayudaba a viejitos a vivir el día, Uno en particular se gano un pedazo de mi corazón, tenia Alzheimer y era muy renegón y según su propia hermana él había sido u hombre malo, rego hijos por doquier y abusaba de su fuerza para imponer su voluntad de muy malas maneras, pero ahora un viejito invalido rodeado de gente que ahora tenían que soportarlo en sus últimos días, pero el y yo (creo) nos hicimos amigos.  Cuando estaba yo, no renegaba, tomaba sus medicinas sin hacer ningún problema y aceptaba mis cuidados sin chistar, pero como decía al principio, día a día se iba muriendo, hasta que llego ese día. Murió en mis brazos. En ese momento estábamos los dos y su hermana, ella me pidió que recemos por su alma, y lo hice sabiendo muy bien que no creo en esas cosas, pero no iba a tener una discusión con ella para defender mis NO creencias, pero como me dijo Thiago una vez, SI hay que rezar se REZA, eso no te hace menos ateo, la muerte no siempre es un tránsito fácil, el cuerpo se muere por partes, hubo un momento el que ya habían pasado 15 minutos desde que dejo de respirar y de pronto se incorporo y lanzo como una especie de grito un oooooohhh profundo, como una exhalación larga y sostenida, luego volvió a caer sobre su almohada, luego de un rato espasmos musculares por el cuerpo, el brazo, pierna, se movían como un títere al que le cortan los hilos. Regrese a casa llorando mientras manejaba, llore como un niño toda la tarde porque en quien pensaba todo ese rato fue en mi Abuela y como se debieron sentir mi tío Héctor y mi tía Flor, al enfrentar la muerte de ella.

No le tengo miedo a la muerte, ya la he visto antes jajaja hasta la he entrevistado, Así que con paciencia me siento a escribir, queda poco tiempo ¿no?, todo comenzó cuando note ese nuevo lunar en mi mano.

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