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domingo, 8 de diciembre de 2013

¿Y tú cuanto calzas?

Cuanto calzas ¿ah? Me pregunto mientras me miraba de arriba abajo.

Cuando uno empieza a crecer y deja de ser niño sufre cambios, ya todos Uds. saben a qué me refiero, de todas maneras lo resumiré, pelo donde no había, crece el cuerpo, cambia la voz, se te estira el cuerpo.
El problema es que el cuerpo no crece parejo, es por eso que a comienzos de la adolescencia somos torpes para desplazarnos, a algunos les crece primero los brazos, a otros las piernas, creando una asimetría temporal que hace que nuestros movimientos sean torpes.

Yo era un niño normal hasta que una mañana me desperté y ya no había proporción entre mis pies y el resto de mi cuerpo.
A mí me daba la impresión que la gente me miraba cuando iba por la calle, señalando mis pies enormes envueltos en zapatillas gigantescas.
Eran como estas pero blancas!
En educación física mis zapatillas blancas NorthStar (¿se acuerdan de esa marca?) parecían dos lanchas! Y resaltaban muchísimo gracias al buzo morado de mi colegio! Lo bueno es que no era el único al que le pasaba lo mismo. Y para mayor suerte aun, había un tipo en mi salón que le sucedió peor, a él le decían Zapaton! Lo suyo era un caso extremo, sus zapatos parecían de payaso!

Lo bueno era que lo fastidiaban a él y no a mí. Tener los pies grandes representa un fastidio, no miento cuando les digo que mi mama sufría para comprarme zapatos para mi talla, caminábamos horas y horas. Recuerdo que una vez entrando a una tienda la vendedora me miro y dijo NO tenemos zapatos para su talla! Y nos dimos media vuelta.
Jajaja Si eres panzón, metes la barriga y la disimulas, si eres miope, usas lentes de contacto, tienes orejas grandes? Una gorrita, o pelo largo lo disimula! Pero ¿cómo disimulas pies grandes? Jajaja

Ahora todo guarda la proporción correcta, con el tiempo me di cuenta que me atormentaba por idioteces, pero todo cambio un día que vi a una chica cruzada de brazos intentando inútilmente cubrir sus pechos, se avergonzaba de ellas. Ahí me di cuenta que estaba haciendo algo mal.

Yo había agarrado la manía de al estar parado usar mi mochila para cubrir mis pies, desde ese día no sentí vergüenza por ese detalle. Mis pies son del tamaño que tienen que ser, están en proporción a mi cuerpo.  ¿Y tú cuanto calzas?