Se lamentaba el poderoso tigre de su propia fuerza, pues sus poderosas garras solo servían para atrapar presas grandes pero las pequeñas se le escapaban como se escapa el agua entre nuestros dedos.
Descansaba un día en la copa de árbol y vio a un gato que con agilidad y habilidad increíble atrapaba sus presas, pequeñas aves, pequeños conejos, daba saltos increíbles sin hacer ruido, sorprendiendo a sus víctimas, eso es lo que necesito se dijo a sí mismo.
El mínimo que limpiaba su pelaje ensimismado sintió un golpe en la tierra y cuando levanto los ojos encontró delante de él al tigre más grande que había visto en sus nueve vidas. Maestro dijo el tigre haciendo una venia, con mucha humildad me atrevo a pedirle me enseñe los secretos de su arte, el sigilo, la gracia, la elegancia de sus movimientos me serán muy útiles, dijo mostrando una sonrisa que mostraba todos y cada uno de sus enorme colmillos.
El mínimo lo vio de arriba abajo sorprendido pero sabía que no debía confiar en el tigre y respondió con un NO, pero el tigre lo colmo de halagos y lisonjas y este finalmente acepto.
Así pues todos los días se encontraban en el claro del bosque, el Gato le enseñaba el arte de caminar sin producir ruido, saltar distancias increíbles con el mínimo esfuerzo y otras habilidades que poseen los gatos pero que me está prohibido mencionar. El tigre no se media en las lisonjas y halagos pues quería aprender todos los secretos, estaba cerca el invierno cuando una tarde el minino le aseguro que no tenía más que enseñarle.
El tigre hizo una reverencia en agradecimiento y llego a la conclusión que no había necesidad de que dos animales con la misma habilidad existieran así que para eliminar a la competencia debía acabar con su maestro. Y con la rapidez de un rayo urdió un plan.
Maestro no le parece que algo extraño sucede en la copa de aquel árbol, dijo mientras señalaba con su garra, el gato giro la cabeza y en ese momento el tigre dio un salto increíble con las garras extendidas y las fauces abiertas, pero el gato ya no estaba ahí. El mínimo con un salto y velocidad increíbles clavo las 4 patas en la rama más alta del árbol.
El tigre desde abajo se sintió engañado y se dio cuenta que el gato no le había enseñado todo. Y aquí es donde comienza mi humilde moraleja, no les puedo contar todos los secretos de los gatos, pero esto si te lo puedo contar: Enseña, enseñar es bueno, pero asegúrate de no enseñarlo todo pues eso puede salvarte la vida.P.D. Resulta que me habia ganado un premio el año pasado y no cumpli con la tarea, asi que este es mi cuentito, Gracias Panchito!! Muchas gracias! (mas vale tarde que nunca! jejejeje) ESPERO TE guste!


















